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Actualizado: 18 de julio de 2008

Gilles Villeneuve
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Gilles Villeneuve, ídolo de Ferrari, nació en Quebec, territorio canadiense, en 1952. Desde
chico corría en trineos de nieve a motor, siendo campeón mundial de la especialidad a los 19
años. En 1973, deja los trineos para empezar a correr con autos, específicamente en la Fórmula
Ford, pasando luego a la Fórmula Atlantic estadounidense. En 1976, se consagró también campeón
de la Atlantic, ganando 9 de las 10 carreras del campeonato; de igual manera, en 1977, lograría
el título de la categoría pero en versión canadiense.
En este mismo año, entraría con brillo y polémica en la Fórmula 1 piloteando un McLaren.
Durante las prácticas del GP de Inglaterra, empezó a hacer trompos en cada curva del circuito,
según él, para probar al auto (?). Para ese entonces las relaciones entre Niki Lauda y el
Commendatore Enzo Ferrari se vinieron abajo, haciendo que el austríaco fuera prácticamente
echado del equipo.
En la búsqueda del reemplazante, Enzo vio en Gilles a una joya en bruto,
contratando sus servicios para manejar uno de sus autos. Desde ahí, Villeneuve nunca dejaría la
marca del Cavallino Rampante.

Primer gran accidente
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El inicio no fue bueno. Gilles corrió las dos últimas carreras; la primera terminó en el puesto
12, y en la segunda, protagonizó el primero de su increible racha de terribles accidentes. En el
Monte Fuji (Japón), Villeneuve trató de superar a Ronnie Peterson en la recta principal. Pero en
el intento, una de sus ruedas delanteras tocó contra una de las traseras del Tyrrell de
Peterson, saliendo el Ferrari catapultado fuera de la pista, hacia el público.
Los dos
espectadores muertos y 10 heridos se pudieron evitar si es que éstos hubieran hecho caso del
aviso de ser aquella una zona prohibida para el público. Increíblemente Gilles salió ileso.
1978 fue su año más polémico. En su afán de obtener resultados en forma rápida, en casi toda la
temporada se dedicó más que nada a destruir coches, siendo partícipe en diversos accidentes y
despistes, cada uno más grave que el anterior. La terquedad de Enzo en mantener firme su
confianza en el piloto canadiense hizo madurar a éste rápidamente, logrando su primer gran logro
al llevarse la victoria en la última carrera, justamente en Canadá, de punta a punta.
Para bien
o para mal, su nueva condición de piloto inmortal lo convirtió en el hombre espectáculo de la
Fórmula 1, y en el nuevo ídolo de los tifosi.
Su mejor temporada fue en 1979, en la que fue subcampeón detrás de su compañero de equipo Jody
Scheckter. Se podría decir que perdió el campeonato más por la lealtad de ser el piloto #2 del
equipo que por errores propios, a pesar de que había demostrado ser más rápido que Scheckter,
cuando ganó las dos primeras carreras del año y al protagonizar un memorable duelo con René
Arnoux en Francia. Carrera para recordar también el GP de Holanda, cuando tras un reventón de
rueda, tuvo que llevar su Ferrari casi de costado con la suspensión trasera izquierda
inutilizada. Villeneuve llegó a pits para esperar el milagro de volver a la pista, pero fue en
vano. El título (de pilotos) de Scheckter fue el último que lograría Ferrari hasta el 2000,
cuando campeonara Michael Schumacher.
En cambio, 1980 fue un año para olvidar. El Ferrari 312T5 debió haber sido uno de los peores
contruidos por la Scudería. En casi todas las carreras los autos rojos se clasificaban en los
últimos lugares de la partida, y para colmo de males Jody Scheckter ni siquiera pudo clasificar
para el GP de Canadá. El campeón del año anterior anunciaría su retiro de la Fórmula 1. Lo
reemplazaría Didier Pironi, que tiempo después se convertiría en el enemigo de Gilles.

Gilles en Mónaco (1981)
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1981 fue escenario de los dos más grandes triunfos de Gilles Villeneuve. Primero, en el GP de
Mónaco en la que enterró la idea de que los motores turbo no podían ganar en este tipo de
circuitos, cuando supo dominar la potencia de su motor ante el angosto margen de error que
ofrece el circuito monagués. El segundo, en España, se puede considerar también como heroica:
tras una gran partida se colocó de sétimo a tercero; luego superó por fuera a Carlos Reutemman y
después tomó la punta gracias a un error de Alan Jones. Tuvo que resistir a Laffite, Watson,
Reutemann y De Angelis durante 67 vueltas, hasta lograr la victoria.
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